En el CAIT Aspace Jaén se atienden a los niños desde los 0 a los 6 años de edad, junto con sus familias y entorno, que presenten un trastorno del desarrollo o que tengan riesgo de padecerlo. Actualmente el CAIT Aspace Jaén atiende a 70 niños y a sus familias.

Conscientes del interés de muchas familias de conocer con profundidad todo lo relacionado con la Atención Temprana, Aspace Jaén ha querido que conozcáis un poco más este tema de la mano de nuestra psicóloga Silvia Quirós que pertenece al equipo del CAIT Aspace Jaén.

Para ti, ¿qué es la atención temprana?

Silvia Quirós:Los trastornos en el desarrollo tienen gran trascendencia individual, familiar y social, por ello cuando un niño padece alguno de ellos, se habla de atención temprana, para minimizar los efectos negativos en su crecimiento y evolución, reducir las limitaciones, evitar discriminaciones…

Es decir, si un niño tiene un trastorno del desarrollo y no recibe atención, es más probable que tenga dificultades más graves para seguir una vida normal, incluso ese trastorno podría agravarse. La atención temprana intenta evitarlo.

Por ello es muy importante la detección temprana de deficiencias, ya que esta y la atención temprana de estos niños con dificultades para alcanzar un curso normal del desarrollo son elementos claves para optimizar su evolución positiva.

Recordemos que todos los niños y niñas de entre cero y seis años que manifiesten cualquier tipo de deficiencia y aquellos que se incluyan dentro de los grupos de alto riesgo biológico, psicológico y/o social son susceptibles de recibir Atención Temprana.

El concepto de riesgo nos hace pensar en la idea de probabilidad, teniendo pues un grupo de niños y niñas más vulnerables en los que puede crear un déficit o alteración en su desarrollo, en algunos casos permanente.

Por todo esto, la atención temprana a las familias y la detección precoz de las necesidades de los niños de alto riesgo, cuando se detectan dichos factores o cuándo su desarrollo se desvía de la normalidad, es primordial.

El “Libro Blanco de la Atención Temprana”, elaborado por la Federación Estatal de Asociaciones de Profesionales de Atención Temprana (GAT), editado por el antiguo Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, intenta una definición del concepto y aporta orientación sobre los niveles y los ámbitos de intervención, los principios básicos…

La Atención Temprana se fundamenta sobre principios científicos de varias disciplinas: Pediatría, Neurología, Psicología, Psiquiatría, Pedagogía, Fisioterapia, Lingüística… Por ello es importante la detección en los distintos ámbitos (con un acceso adecuado a los servicios sanitarios) y en muchos casos la coordinación de las distintas especialidades.

Por último, tras conocer la definición de “Atención Temprana”, hemos de remarcar cuál es su objetivo: ofrecer a los niños con déficits o con riesgo de padecerlos un conjunto de acciones optimizadoras y compensadoras, que faciliten su adecuada maduración en todos los ámbitos y que les permita alcanzar el máximo nivel de desarrollo personal y de integración social.

¿Por qué es tan importante?

S.Q.:En definitiva, la Atención temprana pretende la compensación de las desigualdades individuales y el derecho a alcanzar un desarrollo evolutivo lo más normalizado posible y una vida plena e independiente de todas las personas. Una lástima que los recursos estatales no alcancen a dar cobertura a todo lo necesario, porque, ¿qué sucede si las familias afectadas tampoco pueden hacer frente? Sin duda, esos derechos de los niños se ven menoscabados.

¿Cuál es el reto actual en el campo de la atención temprana?

S.Q.:Han pasado ya muchos años desde las primeras experiencias de Atención Temprana en nuestro país. A lo largo de este tiempo los profesionales hemos ido experimentando distintas estrategias y hemos tratado de construir modelos en los que apoyar nuestras actuaciones. Hemos intentado superar posiciones basadas únicamente en el niño y comprendido la importancia que tiene la interacción del pequeño con sus figuras de referencia.

La atención a la familia en A.T. es motivo de preocupación, para los profesionales en este momento. Y es quizás el momento en que debamos, con el esfuerzo de todos, plantearnos el entender mejor las necesidades y demandas actuales de las familias y planificar adecuadamente las intervenciones que realizamos, no sólo sobre los niños, sino también con sus referentes, como elemento imprescindible para mejorar la calidad de la A.T.

En la actualidad, en nuestro país, podemos decir que contamos con una red de Centros de Desarrollo Infantil y Atención Temprana, de distinta titularidad, que atienden a los niños de 0 a 6 años con trastornos en su desarrollo o en situación de riesgo. Parece generalizada la Atención Temprana dirigida al niño. Ha mejorado la formación de los profesionales en esta disciplina, contamos con cursos de postgrado y de especialización en distintas Universidades que facilitan el conocimiento sobre el desarrollo infantil, sobre técnicas de intervención, y la creación de marcos conceptuales compartidos que permiten el acercamiento interdisciplinar y transdisciplinar. Se ha desarrollado normativa en las diferentes comunidades autónomas en materia de Atención Temprana, otorgándola un carácter de prestación básica. Pero a pesar de todo ello, aún queda un largo camino por recorrer para asegurar una adecuada respuesta a la familia y al entorno.

Desde mi punto de vista, el desafío actual para la Atención Temprana consiste en encontrar estrategias eficaces para generar entornos competentes, ya que hay retos educativos, sociales, tecnológicos y de la salud.

Considerar los entornos como destinatarios de la Atención Temprana implica un cambio importante de perspectiva. Los profesionales no solo tenemos que dominar conocimientos sobre el desarrollo del niño, la discapacidad o sobre distintas técnicas de intervención, tenemos que bucear también en el mundo cognitivo y emocional de los adultos, conocer en profundidad el funcionamiento del sistema familiar y escolar y acompañar de forma apropiada a los cuidadores habituales de nuestros niños, para que aumenten su competencia en el desempeño de su papel. Es en su casa y en su escuela donde el niño crece, donde pasa la mayor parte de su tiempo, donde experimenta con el mundo físico y social, por eso es necesario ofrecer a esos entornos naturales, desde los programas de Atención Temprana, el apoyo que necesitan. Nadie pone en duda esta necesidad, si bien resulta complejo encontrar estrategias válidas para ofrecer una respuesta apropiada a realidades tan diversas.

Parte del equipo del CAIT Aspace Jaén en unas jornadas formativas
¿En qué medida la atención temprana influye en la mejora del desarrollo del niño con dificultades cognitivas?

S.Q.:Los humanos contamos con una serie de capacidades (cognitivas, funcionales, motoras, emocionales…) que nos permiten adaptarnos a nuestro entorno, y cada una de ellas tiene un papel específico en dicho proceso de adaptación. Pero hoy queremos hablaros de la estimulación cognitiva, y de su importancia en el desarrollo biopsicosocial del niño.

La estimulación cognitiva comprende todas aquellas actividades que puedan estimular, desarrollar, mejorar y mantener las capacidades cognitivas (la atención, la memoria, la percepción, el lenguaje, el razonamiento, etc.). Éstas nos permiten llevar a cabo actividades tales como reconocer a las personas que nos rodean, imaginar lo que voy a hacer mañana, o recordar lo que hice el día anterior.

Cada vez se escucha más hablar de estimulación cognitiva, y de su importancia, porque permite mejorar la calidad de vida de la persona sin importar su edad. ¿Cómo? Mejorando las capacidades cognitivas se potencia la autonomía del individuo y su interacción con el entorno.

¿Qué signos pueden hacernos pensar a los padres que un niño necesita atención psicológica?

S.Q.:Indicadores que muestran necesidad de intervención psicológica. Si su hijo muestra dificultad en cualquiera de las áreas enumeradas a continuación, le podemos ayudar.

• Retraso en el desarrollo en el habla, el lenguaje, o el control de esfínteres.
• Problemas de aprendizaje o atención (como el TDAH)
• Escaso contacto ocular.
• Interacciones pobres, toscas… con los iguales y/o adultos
• Problemas de comportamiento (como la ira excesiva, impulsividad, falta de empatía…)
• Baja tolerancia a la frustración.
• Episodios de tristeza, llanto o depresión o todo lo contrario, risas sin motivo, excesiva agitación motora, nerviosos, etc.
• Aislamiento social con o sin habilidades sociales.
• Ser víctima de acoso por parte de otros niños.
• Disminución del interés en actividades que antes disfrutaba.
• Comportamiento demasiado agresivo (como morder, patear, o golpear)
• Cambios repentinos en el apetito (especialmente en adolescentes)
• Insomnio o aumento de la somnolencia.
• Cambios de humor.
• Presencia constante de quejas físicas (tales como dolor de cabeza, dolor de tripa, o molestias difusas) Es especialmente relevante cuando se descarta patología física por parte del médico.
• Gestión de una o enfermedad grave, aguda, o crónica
• Les cuesta estar quietos, concentrarse o estar concentrados durante un largo rato (en clase o durante el almuerzo o viajes). Sin embargo si pueden permanecer jugando con algo de su interés o viendo televisión durante un tiempo excesivo sin dificultad. Esto se debe a que no es una actividad tediosa o monótona donde les cueste mantenerse motivados.
• Hacen las cosas sin pensar, son impulsivos, pueden dar la impresión de niños desobedientes o maleducados, pero en la mayoría de los casos, son sentimentales y sensibles ante una reprimenda.

• Les cuesta escuchar, tienen dificultades para seguir instrucciones.

• No se adaptan bien a los imprevistos o cambios de planes.

• Se quedan distraídos y ensimismados en sus pensamientos, o confusos como “en un mar de dudas”.

• Se comporta de forma infantil para su edad. Emocionalmente son inmaduros o muy sensibles.

• La coordinación corporal no es su fuerte, son “patosos” y no buenos deportistas.

En muchos casos las soluciones se alcanzan con el trabajo conjunto realizado con el propio niño y las pautas que se proponen a los padres. Normalmente éste modo de trabajo garantiza soluciones a largo plazo, dando habilidades a los padres para resolver el problema que propició la llegada al CAIT y facilitando encontrar nuevas soluciones a futuros problemas que puedan volver a darse.

El niño por su parte, en función de su edad y capacidad para atender las indicaciones específicas, se le ayuda a comprender sus síntomas y a poder reducirlos o eliminarlos. El diálogo, los ejercicios en sala y las tareas para casa, son la principal estrategia para resolverlo.

Parece que la sensación constante de preocupación es intrínseca a la condición de madre o padre. Sus preocupaciones comienzan ya desde el embarazo ¿irá todo bien?, ¿tendrá algún problema? Y continúan a lo largo de toda la vida.

Es un clásico que los padres, sobre todo los primerizos, se agobien pensando en si lo están haciendo bien, si le estimulan lo suficiente, si tiene el peso y la talla correctos, pero sobre todo, si está teniendo un desarrollo infantil adecuado. Pues si hay algo que les preocupa realmente a los padres, es ver como su hijo no hace las mismas cosas que otros niños de su edad.
No obstante, no toda la preocupación que sienten está justificada. Presentar un cierto retraso en el dominio de algunas habilidades no siempre indica que su hijo tenga un retraso o trastorno del desarrollo.

No todos los niños tienen un mismo ritmo, ni desarrollan sus habilidades en un momento específico.
Sin embargo, si resulta que su hijo sí presenta una alteración, detectarla lo antes posible es de suma importancia para conseguir los apoyos y servicios adecuados, y así ayudarle a compensar ese déficit.

Por ello, os presento a continuación los SIGNOS DE ALERTA en el desarrollo infantil, un signo de alarma no presupone un problema, pero obliga a un examen y seguimiento:

Si a los 2 meses…
• Presenta un llanto raro (por ejemplo, un llanto muy agudo y corto)
• Presenta un llanto excesivo e irritabilidad persistente
• No responde a los ruidos fuertes
• No se calma con la voz de la madre
• No sigue con la vista a las cosas que se mueven
• Presenta desviación permanente o intermitente de uno o ambos ojos
• Presenta movimientos oculares anómalos, sin dirección y sin ritmo
• No sonríe
• Escasa reacción ante caras o voces familiares.
• No fija la mirada en la persona que le mira de cerca.
• No mueve la cabeza hacia el lado.
• No se lleva las manos a la boca
• No puede sostener la cabeza en alto cuando empuja el cuerpo hacia arriba estando boca abajo
• Mantiene las manos cerradas de forma permanente con dedo pulgar incluido en una o ambas manos

Si a los 4 meses…
• Duerme mucho y no reclama atención
• No sigue con la mirada las cosas que se mueven
• No le sonríe a las personas que tiene delante
• No mantiene firme la cabeza cuando lo sientan
• No realiza arrullos o gorjeos
• No se lleva las cosas a la boca
• No empuja con los pies cuando le apoyan sobre una superficie dura
• Tiene dificultad para mover uno o los dos ojos en todas las direcciones

Si a los 6 meses…
• No trata de agarrar cosas que están a su alcance
• No demuestra afecto por quienes le cuidan
• No se da la vuelta cuando lo llaman suavemente
• No reacciona ante los sonidos de alrededor
• No se ríe ni hace sonidos de placer
• No presenta vocalizaciones recíprocas
• No produce sonidos vocales (“a”, “e”, “o”) ni balbucea
• Tiene dificultad para llevarse cosas a la boca
• No rueda en ninguna dirección para darse vuelta
• Se ve rígido y tenso con los músculos
• Se ve sin fuerza como blandito

Si a los 9 meses…
• No se sostiene en las piernas con apoyo
• No se sienta solo
• No aparece el balbuceo (“mama”, “baba”, “papa”) o imitación vocálica.
• Deja de balbucear (un niño con discapacidad auditiva puede balbucear a la misma edad que cualquier niño, sin embargo, al no oírse, pierde el interés en el juego vocal y deja de hacerlo)
• Se muestra aislado del ambiente, impresiona diferente a otros bebés
• No presta atención a canciones o cuentos
• No responde a sonidos familiares (teléfono, timbre, etc.)
• No comprende palabras simples (no, agua, mamá, etc.)
• No vocaliza en respuesta a lo que se habla
• No juega a nada que sea por turnos como “me toca a mí, te toca a ti”
• No responde cuando le llaman por su nombre
• No parece reconocer a las personas conocidas
• No mira hacia donde usted señala
• No pasa juguetes de una mano a la otra

Si al año…
• No gatea
• No puede permanecer de pie con ayuda
• No busca objetos que ha visto esconder
• No dice palabras sencillas como “mamá” o “papá”
• No aprende a usar gestos sencillos (saludar con la mano, decir “no” con la cabeza)
• Presenta de forma frecuente o intermitente bizqueo de uno o ambos ojos.
• Se lleva libros u objetos muy cerca de los ojos
• Pierde habilidades que había adquirido

Si a los 18 meses…
• No camina solo
• Se muestra más rígido
• No sabe para qué sirven las cosas familiares
• No copia lo que hacen las demás persona
• No señala cosas para mostrárselas a otras personas
• No utiliza palabras aisladas para comunicarse
• Utiliza gestos en lugar de palabras para comunicarse
• No comprende órdenes sencillas de una etapa
• Presenta falta de interés por el entorno y por las personas que lo cuidan. No se da cuenta ni parece importarle si la persona que le cuida se va a o regresa
• Juego estereotipado, ausencia de juego imaginativo
• Pierde habilidades que había adquirido

Si a los 2 años…
• No extraña
• No imita gestos
• Presenta un número inusual de berrinches por frustración
• Posee un vocabulario expresivo inferior a 10 palabras
• No se aprecian combinaciones de al menos 2 palabras, (por ejemplo, “pupa mano”) más allá de los 30 meses
• No sabe qué hacer con cosas comunes como por ejemplo un cepillo, el teléfono, el tenedor, o la cuchara…
• No imita acciones o palabras
• No sigue instrucciones simples
• No reconoce partes de su cuerpo reconoce conceptos como arriba/abajo, dentro/fuera, etc.
• Exhibe conductas autolesivas
• Presenta un respuesta exagerada o inusual ante ciertos estímulos, (sonidos, texturas, contacto físico)
• Presenta comportamientos repetitivos
• Camina con las puntas de los pies
• Pierde el equilibrio con frecuencia
• Pierde habilidades que había adquirido

Si a los 3 años…
• No realiza acciones propias de juguetes sencillos, (tableros de piezas para encajar, rompecabezas sencillos, girar una manija,…)
• Posee un vocabulario expresivo inferior a 100 palabras
• Babea o no se le entiende cuando habla
• No usa oraciones para hablar
• Repite expresiones verbales como un eco (ecolalia)
• No se le entiende la mayoría de cosas que dice
• No entiende instrucciones sencillas de dos pasos
• No comprende preguntas sencillas.
• No conoce su edad, su sexo o su nombre completo
• No es capaz de contar hasta 3
• No da respuestas razonables a preguntas sencillas “¿qué haces cuando tienes hambre?”
• Persisten problemas de confusión léxica (sustituir una palabra por otra)
• No imita ni usa la imaginación en sus juegos
• No presenta interés por jugar con otros niños ni con juguetes
• No mira a las personas a los ojos
• Se cae mucho o tiene problemas para subir y bajar escaleras
• Pierde habilidades que había adquirido

Si a los 4 años…
• No puede saltar en el mismo sitio
• Tiene dificultades para hacer garabatos
• No realiza juego imitativo ni muestra interés en los juegos interactivos o de imaginación
• Ignora a otros niños o no responde a las personas que no son de la familia
• No puede vestirse
• No controla esfínteres al menos una vez por semana
• No puede relatar su cuento favorito
• No sigue instrucciones de 3 partes
• No entiende lo que quieren decir “igual” y “diferente”
• No usa correctamente las palabras “yo”, “tú”
• Habla con poca claridad
• No interviene en juegos grupales o imaginativos
• Pierde habilidades que había adquirido

Si a los 5 años…
• No expresa una gran variedad de emociones
• Es demasiado retraído y pasivo
• Se distrae con facilidad, tiene problemas para concentrarse en una actividad por más de 5 minutos
• No le responde a las personas o lo hace solo superficialmente
• No puede distinguir la fantasía de la realidad
• No juega a una variedad de juegos y actividades
• No comparte ni espera su turno
• No puede decir su nombre y apellido
• No demuestra habilidades de memoria
• No usa correctamente los plurales y el tiempo pasado
• No habla de sus actividades o experiencias diarias
• No dibuja
• No puede cepillarse los dientes, lavarse y secarse las manos o desvestirse sin ayuda
• Pierde habilidades que había adquirido
Ante cualquier señal de alarma en el desarrollo infantil debemos consultar a un experto en el neurodesarrollo.

¿Cuáles crees que son las principales diferencias entre la terapia infantil y la terapia para adultos?

S.Q.: Las diferencias entre la psicoterapia infantil y la de adultos es:

¿Cuáles son los trastornos o problemas más comunes que sueles tratar en las sesiones terapéuticas?

S.Q.: Los trastornos o problemas más comunes que se suele tratar en las sesiones terapéuticas son los derivados por el neurodesarrollo según las clasificaciones diagnósticas vigentes. Detallarlos, significaría recurrir al LIBRO BLANCO DE LA ATENCIÓN TEMPRANA cuyo autor: Federación Estatal de Asociaciones de Profesionales de Atención Temprana (GAT) Documentos 55/2005 Edita: Real Patronato sobre Discapacidad. A groso modo, serían:

• Trastorno en el desarrollo motriz. Se aplica este diagnóstico cuando consideramos se presenta una patología a nivel de vías, centros o circuitos nerviosos implicados en la motricidad. Se incluyen las diferentes formas y grados de parálisis cerebral, espina bífida, miopatías, etc. y también diferentes disfunciones motrices menores (retardo motriz, hipotonía, dificultades en la motricidad gruesa o fina…).

• Trastorno en el desarrollo cognitivo. Se incluye en este grupo a los trastornos referidos a diferentes grados de discapacidad mental, funcionamiento intelectual límite y disfunciones específicas en el procesamiento cognitivo.

• Trastorno en el desarrollo sensorial. Se incluyen en este grupo los déficits visuales o auditivos de diferente grado.

• Trastorno en el desarrollo del lenguaje. Se incluyen en este grupo las dificultades en el desarrollo de las capacidades comunicativas y verbales tanto a nivel de comprensión del lenguaje como de sus capacidades expresivas o de articulación.

• Trastorno generalizado del desarrollo. Este grupo comprende los niños que presentan alteraciones simultáneas y graves de las diferentes áreas del desarrollo psicológico (autismo y formas menores relacionadas con el autismo y la psicosis).

• Trastorno de la conducta. Se incluye en este grupo a aquellos niños que presentan formas de conducta inapropiadas y a veces, perturbadoras.

• Trastornos emocionales. Se incluyen aquí a los niños que presentan manifestaciones de angustia, de inhibición, síntomas y trastornos del humor, etc…

• Trastorno en el desarrollo de la expresión somática. En este grupo se incluyen los niños que presentan patologías funcionales en la esfera oral alimentaria, respiratoria, del ciclo sueño-vigilia, en el control de esfínteres, etc.

• Retraso evolutivo. En este grupo consideramos aquellos niños que presentan un retardo evolutivo y no se sitúan en ninguno de los apartados anteriores. Constituye a menudo un diagnóstico provisional, que evoluciona posteriormente hacia la normalidad (evolución frecuente en el caso de niños que han padecido o padecen enfermedades crónicas, hospitalizaciones, atención inadecuada), y en otros casos a diferentes disfunciones, siendo la más frecuente el trastorno en el ámbito cognitivo.

Nuestra psicóloga Silvia Quirós en un acto con motivo del Día Mundial de la Parálisis Cerebral
¿Cuál es el papel que tienen los padres cuando acuden a ti con su hijo?

S.Q.:Resulta crucial la implicación familiar, elemento indispensable para favorecer la interacción afectiva y emocional así como para la eficacia de los tratamientos, desde la Atención Temprana, se requiere que padres, madres y profesionales trabajen juntos con el fin de elaborar los programas de intervención. Con lo cual, la familia se convierte en un miembro más del equipo a la hora de realizar la evaluación y programar la intervención.

Esta intervención debe estar organizada en torno a situaciones de interacción agradables y actividades funcionales que formen parte de la vida cotidiana del niño y la familia. Es decir, se tiende a destacar el valor adaptativo de la intervención y se abandona el instrumental. Destacando que los progenitores nunca deben ser terapeutas de sus hijos, sino que debemos ayudarles a disfrutar en su rol de padres y madres.

El niño y sus familiares son los protagonistas. Profundizando en la infancia, la maternidad y la crianza conscientes, confiando en que los niños saben, buscan y piden lo que necesitan, acompañándoles, comprendiendo y respetando, para que en todo momento disfruten y participen de su propio desarrollo y aprendizaje.

Cuando hablamos de Atención Temprana hablamos de FAMILIA. Como terapeutas tenemos la responsabilidad de trabajar con el niño sin olvidar su entorno y acogiendo a las familias de forma respetuosa, sin juzgar su forma de hacer si no más bien adaptándonos a ella. Observamos al niño, les hacemos las correspondientes pruebas de evaluación, entrevistamos a la familia y nos ponemos en marcha para redactar la programación que indican los objetivos que se van a trabajar con el niño. Pero… ¿Es suficiente?

Nosotras como profesionales tenemos objetivos propios y en muchas ocasiones difieren de las necesidades o los objetivos más inmediatos que tiene la familia. Y no es cuestión de entrar en un debate de quien tiene razón o que objetivos son más importantes, si no de establecer que el núcleo familiar es donde el niño se desenvuelve de forma mayoritaria y que tenemos que dar cabida a esas necesidades concretas para que las familias puedan atender a las que el terapeuta observa como necesarias.

HABLEMOS DE PAUTAS

Cuando comencé mi andadura en Atención Temprana y me enfrente a las primeras entrevistas con las familias, mis compañeras me facilitaron una serie de listados de pautas. Todas ellas muy bien definidas, con ideas geniales y en definitiva muy bien estructuradas para que las familias pudieran comprender y realizar a la perfección esos deberes tan necesarios para que sus hijos progresen. “Yo como profesional te digo a ti como padre lo que debes hacer”. Desde el principio me pareció muy duro, no solo porque no soy madre, si no porque no conocía la dinámica real de esa familia, su estilo de crianza y sus necesidades (de las que antes hemos hablado).

Os paso a detallar una de nuestras experiencias como ejemplo. Alex tiene problemas de conducta que a su madre le traen de cabeza, todos los días antes de ir al cole tiene una enorme rabieta… A la mamá se le ofrecen herramientas de anticipación, los famosos pictogramas, ya que durante las sesiones funcionan genial.

Al cabo de unas semanas, la historia sigue igual y la mamá tira la toalla ¿Por qué? Madrugón, en el trabajo tengo que entregar el informe al jefe, tengo que comprar papel higiénico que no queda, para comer hoy… y para cenar no me queda nada de verdura, acuérdate de que hoy la abuela tiene médico… Oh! Se ha tirado la leche encima, ya llegamos tarde… Y Silvia, Inma o Mª Carmen, me dijo que teníamos que utilizar los pictogramas pero me surge otra duda. ¿Cuándo?

¿No será mejor, generar ideas entre todos para facilitar el día a día de ellos, si les damos a las familias la oportunidad de que comprendan las diferentes herramientas que están a su alcance, les ofrecemos ideas, explicaciones teóricas…? Ellos toman las riendas para generar sus propias estrategias, por tanto serán más efectivas.

Por eso, para nosotras, la familia forma parte de uno más del equipo. Que no son terapeutas es algo que no debemos olvidar ni ellos, ni nosotros… Ya que su figura materna y paterna de cuidados, juegos y cariño debe estar, por encima de todo.

Jesus Palacios
jesuspalaciosgarcia81@gmail.com